La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos. Jose de San Martín.

Editorial

Por Ana María Valentino
En este mundo cada vez más globalizado la sociedad se presenta día a día más deshumanizada e individualista.
Desaparecen valores e ideales nobles.Nuestros jóvenes estás sin brújula que los guíe.
Sus padres ocupados por sobrevivir o por tener más y más..
Es tiempo de REFLEXIONAR. De mirar hacia adentro y reconocer mezquindades y falencias, es tiempo
de proponernos un cambio profundo, para nuestro bien y el de las generaciones futuras.
EL general José de San Martín no sólo nos legó la libertad como Nación sino que también nos dejó sus enseñanzas de vida.Las Máximas a su hija Mercedes hablan de su sabiduría , su grandeza y su humildad, condiciones que lo caracterizan mas allá de su gloria militar.
Leyendo esas Máximas es posible comenzar a reflexionar sobre nuestras propias actitudes de vida,disponernos a asumir nuestros errores y proponernos un cambio. Comprender que la soberbia y el materialismo desmedido no conducen nada bueno ya será una forma de aportar un granito de arenapara construir una sociedad má s humana y por consiguiente una PATRIA mejor.
Tomemos como referencia las enseñanzas de nuestro General y tratemos de inculcarlas en nuestros niños desde pequeños tal como él lo hacia en su hija Merceditas,y no dudemos que el tiempo dará sus frutos.

lunes, 25 de enero de 2010

El Granadero y el Presidente...

Un día estaba apostado de cuarto vigilante al cuidado de las armas en la Residencia Presidencial de Olivos, mientras en forma sigilosa, fumaba sin que nadie me mire. La ansiedad de fumar eludía la prohibición de hacerlo estando de guardia. De pronto, sorpresivamente se aparece delante de mí el Presidente de la Nación Alejandro Agustín Lanusse, quien en el pasado fuera Jefe de Regimiento de Granaderos.



Me hace seña para que me acerque hacia él. Yo abandono mi puesto de guardia, mientras rápidamente apagaba el cigarrillo, y al llegar al lado del Presidente me ordena la misión de ir a buscar al Jefe de custodia de las motos. Regreso del encargo cumplido y vuelvo a ocupar mi puesto de guardia.
Al cabo de un rato, el Presidente Lanusse nuevamente se hace presente y me pregunta: -¿Granadero, usted estaba fumando?
-¡Si! Le contesté.
-¿Y tiró usted el cigarrillo?
-¡No, mi General!, le dije con temor, ¡Lo guardé porque era el último que me quedaba!-

Entonces el Presidente se abrió el saco, metió su mano en un bolsillo interno y me obsequió un atado de cigarrillos “Kent” importados.

Testimonio: Granadero Oscar José Tito (Clase 1951) 
Texto: Pedro Alberto Urueña – Vicepresidente de la “Asociación de Granaderos Reservistas de la República Argentina”

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