La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos. Jose de San Martín.

Editorial

Por Ana María Valentino
En este mundo cada vez más globalizado la sociedad se presenta día a día más deshumanizada e individualista.
Desaparecen valores e ideales nobles.Nuestros jóvenes estás sin brújula que los guíe.
Sus padres ocupados por sobrevivir o por tener más y más..
Es tiempo de REFLEXIONAR. De mirar hacia adentro y reconocer mezquindades y falencias, es tiempo
de proponernos un cambio profundo, para nuestro bien y el de las generaciones futuras.
EL general José de San Martín no sólo nos legó la libertad como Nación sino que también nos dejó sus enseñanzas de vida.Las Máximas a su hija Mercedes hablan de su sabiduría , su grandeza y su humildad, condiciones que lo caracterizan mas allá de su gloria militar.
Leyendo esas Máximas es posible comenzar a reflexionar sobre nuestras propias actitudes de vida,disponernos a asumir nuestros errores y proponernos un cambio. Comprender que la soberbia y el materialismo desmedido no conducen nada bueno ya será una forma de aportar un granito de arenapara construir una sociedad má s humana y por consiguiente una PATRIA mejor.
Tomemos como referencia las enseñanzas de nuestro General y tratemos de inculcarlas en nuestros niños desde pequeños tal como él lo hacia en su hija Merceditas,y no dudemos que el tiempo dará sus frutos.

martes, 2 de marzo de 2010

Generala del Ejército de los Andes

El 5 de enero de 1817 el Gran Capitán, dispone que la Virgen del Carmen  sea sacada del templo de San Francisco para que ante ella desfile el ejército y presente sus armas. Durante la ceremonia religiosa se bendijo la bandera de los Andes y el bastón de mando, concluyendo la misma con un solemne Te Deum. Ese día fue proclamada Nuestra Señora del Carmen de Cuyo "Patrona y Generala del Ejército de los Andes". 

San Martín elige la advocación de la Virgen del Carmen por su tradicional devoción popular. Culminada la campaña libertadora, San Martín hizo pública manifestación de su fe y confesó la protección de la Virgen del Carmen que él y sus valientes soldados habían experimentado en la campaña libertadora. Envió a la Virgen su bastón de mando, junto a las banderas consagradas en los combates de Chacabuco y Maipú y su carta autógrafa, clara y precisa, como corresponde a un soldado, pero elocuente, porque la dictó su corazón cristiano.





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