La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos. Jose de San Martín.

Editorial

Por Ana María Valentino
En este mundo cada vez más globalizado la sociedad se presenta día a día más deshumanizada e individualista.
Desaparecen valores e ideales nobles.Nuestros jóvenes estás sin brújula que los guíe.
Sus padres ocupados por sobrevivir o por tener más y más..
Es tiempo de REFLEXIONAR. De mirar hacia adentro y reconocer mezquindades y falencias, es tiempo
de proponernos un cambio profundo, para nuestro bien y el de las generaciones futuras.
EL general José de San Martín no sólo nos legó la libertad como Nación sino que también nos dejó sus enseñanzas de vida.Las Máximas a su hija Mercedes hablan de su sabiduría , su grandeza y su humildad, condiciones que lo caracterizan mas allá de su gloria militar.
Leyendo esas Máximas es posible comenzar a reflexionar sobre nuestras propias actitudes de vida,disponernos a asumir nuestros errores y proponernos un cambio. Comprender que la soberbia y el materialismo desmedido no conducen nada bueno ya será una forma de aportar un granito de arenapara construir una sociedad má s humana y por consiguiente una PATRIA mejor.
Tomemos como referencia las enseñanzas de nuestro General y tratemos de inculcarlas en nuestros niños desde pequeños tal como él lo hacia en su hija Merceditas,y no dudemos que el tiempo dará sus frutos.

domingo, 2 de mayo de 2010

El Mensajero de San Martín

El general San Martín leía unas cartas en su despacho.Terminada la lectura, se volvió para llamar a un muchacho de unos dieciseis años que esperaba de pie junto a la puerta.
-Voy a encargarte una misión difícil y honrosa.Te conozco bien,tu padre y tres hermanos tuyos están en mi ejército y yo sé que deseas servir a la Patria.¿EStás resuelto a servirme?
-Sí,mi general,sí.ontestó el muchacho-
-Debes saber que en caso de ser descubierto te fusilarán-Continuó el general.
-Ya lo sé, mi general.
-Muy bien,quiero envirte a Chile con una carta que no debe caer en manos del enemigo.¿Has entendido Miguel?
-Perfectamente, mi general-respondió el muchacho. Dos días después Miguel pasaba la cordillera de los Andes en compañía de unos arrieros.
Llegó a Santiago de Chile,halló al abogado Rodriguez, le entregó la carta y re cibió la respuesta.Que guardó en su cinturón secreto.
-Mucho cuidado con esta carta-le dijo también el patriota chileno.- Eres realmente joven,pero debes ser inteligente y bien patriota.
Miguel volvió a ponerse en camino lleno de orgullo.Había hecho el viaje sin dificultades pero tuvo que pasar por un pueblo cerca del cual se hallaba una fuerza realista al mando del coronel Ordoñez.
Alreredor se extendía el hermoso paisaje chileno.Miguel se sintió impresionado por aquel cuadro mágico;mas algo inesperado vino a distraer su atención.
Dos soldados, a quienes pareció sospechoso ese muchacho que viajaba solo y en dirección a las sierras se dirigieron hacia él al galope.En la sorpresa del primer momento Miguel cometió la imprudencia de huir.
-¡Alto!, gritó unos de los soldados sujetándole el caballo por las riendas.-¿Quién eres y adónde vas?
Miguel contestó humildemente que era chileno,que se llamaba Juan Gómez y que iba ala hacienda de sus padres.
Lo llevaron, sin embargo,a una tienda de campaña donde se hallaba en compañía de varios oficiales el coronel Ordóñez.
-Te acusan de ser un agente del general San Martín-dijo el coronel- Que contestas a eso?
Miguel habría preferido decir la verdad pero negó la acusación.
-Oye, muchacho- añadió el coronel- mas vale que confieses francamente,así quizas puedas evitarte el castigo,porque eres muy joven,¿Llevas alguna carta?.
-No, contestó Miguel. pero cambió de color y el coronel lo notó.Dos soldados se apoderaron del muchacho, y mientras uno lo sujetaba, el otro no tardó en hallar el cinturón con la carta.
-Bien lo decía yo-observó Ordóñez disponiéndose a abrirla.Pero en este instante Miguel, con un movimiento brusco saltó como un tigre, le arrebató la carta de las manos y la arrojó a un brasero allí encendido.
-Hay que convenir que eres muy valiente- dijo Ordóñez- aquel que te ha mandado sabe elegir su gente.Ahora bien , puesto que eres resuelto quisiera salvarte y lo haré si me dices lo que contenía la carta.
-No sé, señor.
-¿No sabes?, mira que tengo los medios para despertar tu memoria.
-No sé señor.La persona que me dió la carta no me dijo nada.EL
coronel meditó un momento.Bien-dijo-te creo.¿Podrías decirme al menos de quien era y a quien iba dirigida?
-No puedo señor.
-¿Y porqué no?
-Porque yo he jurado.
El coronel admiró en secreto al niño pero no lo demostró.Abriendo un cajón dela mesa tomó un puñado de monedas de oro.
-¿Has tenido alguna vez una moneda de oro?, preguntó a Miguel.
-No señor-contestó el muchacho.
-Bueno pues yo te daré diez, ¿entiendes?Diez de estas si me dices lo que quiero saber.Y eso con solo decirme dos nombres.Puedes decírmelo en voz baja , continuó el coronel.
-No quiero , señor.
A ver, ordenó. unos cuántos azotes bien dados a este muchacho.
En precencia de Ordóñez, de sus oficiales y de muchos soldados, dos de estos lo golpearon sin piedad.El muchacho apretó los dientes para no gritar.Sus sentidos comenzaron a turbarse y luego perdió el conocimiento.
-Basta- dijo Ordóñez, enciérrenlo por esta noche.Mañana confesará. Entre los que presenciaron los golpes se encontraba un soldado chileno que, como todos sus compatriotas, simpatizaba con la causa de la libertad.Tenía dos hermanos, agentes de SanMartín,y él mismo esperaba la ocación favorable para abandonar el ejército real.
El valor del muchacho lo llenó de admiración.
A medianoche el silencio más profundo reinaba en el campamento.Los fuegos estaban apagados y solo los centinelas velaban con el arma en el brazo.
Miguel estaba en una choza, donde lo habían dejado bajo cerrojo, sin preocuparse más por él.
Entónces,en el silencio de la noche,oyó un ruido como el de un cerrojo corrido con precaución.
La puerta se abrió despacio y apareció la figura de un hombre.Miguel se levantó sorprendido.
-¡Quieto!- murmuró una voz,¿tienes valor para escapar?
De repente Miguel no sintió dolores, cansancio ni debilidad.Estaba ya bien, ágil y resuelto a todo.Siguió al soldado y los dos andaban como sombras por el campamento dormido hacia un corral donde se hallaban los caballos de servicio.El pobre animal de Miguel permanecía ensillado aún y atado a un poste.
-Este es el único punto por donde puedes escapar-dijo el soldado- el único lugar donde no hay centinelas.-¡Pronto, a caballo y buena suerte!-
El joven héroe obedeció, despidiéndose de su generoso salvador con un apretón de manos y un ¡Dios lo pague!Luego, espoleó su caballo sin perder un minuto y huyó en dirección de las montañas.
Huyó para mostrar a San Martín, con las heridas de los golpes que habían roto sus espaldas como había sabido guardar un secreto y servir a la Patria.


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